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Relaciones sanas y asertivas.

Feminismo y masculinidad:

 ¿mujeres contra hombres o viceversa?

 

 

 

 

por Julio César González Pagés

 

Profesor. Universidad de la Habana.

 

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Los hombres no acostumbramos a escribir sobre nuestra historia emocional. Preferimos resaltar los valores vinculados a la beligerancia. Cuando las mujeres han intentado desvirtuar este discurso androcentrico han sido tachadas como locas, brujas o hechiceras. Ante esa prédica patriarcal, las cubanas, desde la colonia respondieron con posiciones feministas que contrarrestaban la infamia desatada contra ellas.

 

 

En opinión de la profesora universitaria Teresa Díaz Canals en la mujer se polarizan los conflictos morales de la Cuba colonial (1) Una de las grandes escritoras hispanas del siglo XIX Gertrudis Gómez de Avellaneda, aún esta pagando la osadía, de colaborar en Francia, España y Cuba con todo un movimiento de ideas que atacaban a la masculinidad hegemónica. Ni siguiera el héroe nacional cubano José Martí pudo sustraerse del prejuicio de ver en la mujer el centro de los preceptos morales. Martí al comparar Avellaneda con otra escritora cubana contemporánea Luisa Pérez de Zambrana llegaría a expresar:

 

 

“Hay un hombre altivo, a las veces fiero, en la poesía de Avellaneda hay en todos los versos de Luisa un alma clara de mujer (...) No hay mujer en Gertrudis Gómez de Avellaneda: todo anunciaba en ella un animo potente y varonil; era su cuerpo alto y robusto, como su poesía ruda y enérgica. La Avellaneda no sintió el dolor humano: era más alto y más potente que él” (2)

 

 

La descripción sepultó a Avellaneda como paradigma. Una mujer: fiera, potente, varonil, alta, robusta, ruda y enérgica se alejaba de cualquiera de los estereotipos asignados o preconcebidos para la aceptación de la mujer. La masculinidad de Avellaneda invalidó su feminismo para la historia.

 

 

Las reflexiones en torno a la diferencia creada entre los diseños sociales de mujeres y hombres ocuparon de forma paulatina un espacio en la prensa cubana decimonónica. Otra importante escritora cubana del siglo XIX, Aurelia Castillo, en un editorial que tituló “Esperemos” del periódico El Fígaro, del 24 de febrero de 1895, alegaba al respecto:

 

 

¨Una gran revolución, operase entre otras varias en nuestros días, la mujer reivindica sus derechos. Ella ha sido la última sierva del mundo civilizado. Aun algo peor que eso: ella ha sido hasta ahora la soberana irrisoria de una sociedad galante y brutal al mismo tiempo. Las leyes tiraron una línea entre el hombre y la mujer, y sobre esa línea alzaron las costumbres elevadísima e infranqueable muralla .La mujer hubo de acatar leyes en cuya confección no tomaba parte. Sus destinos se decidieron sin consulta para nada y decretada quedó su eterna minoría, su posición de perpetua protegida, posición humillante que deja ancho campo a todos

 

 

los abusos y cuyos resultados finales y ineluctable es la postración de la voluntad , si no la pérdida completa de la dignidad, ahogada entre ruines defectos de los que viven sojuzgados(3)

 

 

Aurelia habla de la división de la sociedad en el espacio donde la mujer no participa y a las que solo el hombre guerrero tiene derecho acceso, quien no paga su contribución de sangre no puede tener voz ni voto en los destino de la nación .El matrimonio es la gran carrera de la mujer objeto de lujo y ostentación la lucha no es contra el hombre sino contra la ignorancia (4)

 

 

El matrimonio como institución que subordinaba a la mujer como propiedad de su pareja fue duramente criticado por importantes intelectuales cubanos. (5) Este movimiento de inconformidad contra el contrato matrimonial permitió que, en 1918, Cuba se convirtiera en el primer país hispanoamericano en lograr la ley del divorcio. (6) Antes de esta aprobación los hombres tenían el triste privilegio de poder asesinar a su mujer por el supuesto delito de infidelidad y tan solo recibir la ridícula pena del destierro. Esta ley era desigual para ellas, que no tenían ante la supuesta traición marital similar respaldo legal. (7)

 

 

El movimiento feminista como corriente de ideas políticas y filosóficas fue muy cuestionado en Cuba porque sus objetivos atacaban el poder de los hombres. La prensa cubana dirigida por ellos, salvo excepciones, mostraba muchas reminiscencias para este modelo de cubana trasgresora pues suponía un ataque a la virilidad criolla acostumbrada a que el papel de la mujer fuera el de objeto de belleza y sumisión.

 

 

La revista habanera Fémina, en 1910, satirizaba con un recurso muchas veces utilizado en Cuba: poner un mundo gobernado por mujeres, asumiendo la postura de ellos .Sin dudas, este criterio es ideal para desarticular las posiciones políticas de las feministas. El articulo referido se titulaba “La talla de las mujeres” y planteaba los siguientes criterios:

 

 

“¿No contentándose ellas, con ser las más bellas, van a ser más fuertes que los hombres? Hoy en día la mujer tiende a desinteresarse de todo sostén y protección ¿qué implica esto? Que van conociendo su superioridad sobre el hombre. Mañana quizás (...) el hombre será desgraciado. La mujer hará humillarse ante ella al débil siervo temblando a su presencia (...) Tendrán que invertirse las costumbres y habrá que protegerlos como hoy se hace con las mujeres (...) mientras las mujeres están en la oficina (...) el marido cuidara de la mamita en su casa y lavara las medias a los chiquitines, entreteniéndose para que no den mucha guerra y cuando venga su mamá lo encuentres limpios. Los domingos cuando el hombre se halla portado bien durante la semana, saldrá de paseo con su mujer, que los llevara al teatro y este lucirá un bastoncito comprado en la víspera por su compañera al paso por un bazar de juguetes”(8)

 

 

Transcurre el tiempo, pero esta idea en los medios de comunicación cubanos se ha seguido abordando de forma similar. El cine cubano de finales de los ochenta aportó, desafortunamente, la película Sueño Tropical, cuyo guión parecería apoyarse en el texto anteriormente referido.

 

 

El tema, aun poco debatido y no resuelto, plantea la interrogante sobre si los hombres pueden ser feministas La actitud solidaria mostrada por algunos intelectuales hacia los Congresos de Mujeres, de 1923 y 1925, incitó a las organizadoras de los mismos a crear el curioso término de “congresistas adictos”. Con este calificativo denominaron a prestigiosas figuras de la intelectualidad como Fernando Ortiz, Juan Marínelo, Ramiro Guerra, Arturo Montori y Raimundo Lazo. (9)

 

 

Una de las oradoras mas polémicas de los Congresos, la periodista Mariblanca Sabas Alomá, en un texto de 1920, titulado: “Masculinismo No! Feminismo!”, afirmaba como respuesta al ataque de la prensa sobre su supuesta masculinidad que:

 

 

“Los hermanos espirituales de Don Juan que inmortalizo Zorrilla -Tantos por desgracia -ponen el grito en el cielo cada vez que oyen decir de una mujer que es feminista !!Oh!! la plaga !!Que horror!! las feministas (...)Tiemblan al pensar que la mujer deje de ser algún día el quebradizo bibelot con que ellos juegan , tiemblan ante el temor de que se desaparezca la hembra para dar paso a la mujer Que queremos masculinizarnos ¡no! queremos simplemente hacernos dignas del hombre y al decir el hombre nos referimos al hombre que piensa que trabaja , que aspira , que progresa , al hombre que se desvela por remediar los males de la humanidad , que labora incesante por nuestro perfeccionamiento , ellos , los hombres de talento y de altezas miras , no se asombran , como los hermanos espirituales de don Juan , cuando oyen decir de una mujer que es feminista , sino que por el contrario , lo apoyan y lo admiran .....¿necesitamos, para lograrlo “masculinizarnos ?No al contrario Necesitamos ser más mujeres que nunca, necesitamos “feminizarnos” (10).

 

 

Todo indica que viejos debates abren nuevas perspectivas para discutir sobre los modelos de masculinidad que se han desarrollado históricamente en Cuba. La falta de memoria histórica o “memoria rota”, como muy bien definiera el ensayista puertorriqueño Arcadio Díaz- Quiñónez (1993), sobre temas que cuestionan la hegemonía de las corrientes de pensamiento relacionadas con los hombres y su poder, siempre han vinculado al Feminismo a una cuestión menor. (11)

 

 

Este movimiento de liberación de las mujeres en la década de los sesenta no solo fue relacionado con ellas; implicó también un desafío a los hombres y sus masculinidades.

 

 

Si bien muchos de los congresos o talleres sobre masculinidades empiezan a rechazar o ignorar este legado, como si se tratara de un momento de venganza; las posiciones y expresiones misógenas dentro de los mismos

 

 

tienen un inusual protagonismo. Es lamentable que los pasos en aras de construir un diálogo se convierta en lo contrario. (12)

 

 

Aún sucede que cuando se escucha hablar de feminismo o machismo se identifican los términos. Una colega historiadora me decía: “tú trabajas el feminismo, que es el machismo de las mujeres”. Tal afirmación demuestra la orfandad intelectual y académica sobre el tema, lo cual hace más complicado el poder asumir la masculinidad desde la pespertiva de género.

 

 

Uno de los principales debates teóricos de las ciencias sociales de finales del siglo pasado fue la inserción del enfoque de género en todas las áreas de investigación. Esto se tradujo en un mayor interés de las publicaciones periódicas en referenciar el tema con números monográficos o dentro de las Editoriales y sus colecciones específicas dedicadas a este tema. (13). Pero el aumento de publicaciones, en Cuba, ha sido de forma general ínfimo.

 

 

Denominador común en seminarios y conferencias sobre mujeres y género, es el listado de ponencias con títulos muy sugerentes, pero con los errores teóricos más variados. Muchos conceden poco prestigio a los debates. Argumentan escaso rigor e incapacidad para lograr un aparato teórico metodológico que vaya más allá de los chistes alrededor del sexismo en el lenguaje y la utilización de los vocablos los y las (14) o la sustitución de la palabra mujer por la de género. No obstante los ponentes validan su presentación con el argumento de haber utilizado la perspectiva de género. ¿Cuál es esta perspectiva tan divina que aparece sólo referida como nombre y no utilizado como corpus de la investigación? Sin dudas que la inmadurez en la utilización de le teoría hace pensar que las sustituciones semánticas de palabras logran interpretaciones certeras de problemas en las ciencias sociales

 

 

Las publicaciones de corte académico o divulgativo (15) y los talleres han permitido acercamientos más profundos en temas de interés para los hombres. Como resultado ya es notable un cambio de perspectiva en determinados grupos.

 

 

Escribir sobre Masculinidades ignorando todo el pasado feminista me parece un grave error conceptual, que cada día se propaga más en grupo de estudios interdisciplinarios, sobre todo en el mundo anglosajón. (16)

 

 

Por eso es importante definir lo que estamos haciendo en los estudios de masculinidades, los cuales son de reciente inserción en la inmensa mayoría de los países de América Latina. En los últimos veinte años solo un pequeño porciento de los hombres en el mundo se ha relacionado con los llamados movimientos de varones, teniendo una mayor aceptación en los países occidentales.

 

 

Las estrategias de estos grupos se han desarrollado alrededor de cuatro ideas básicas. La primera y mas difundida tiene en el fundamentalismo machista su base de reivindicación, exhortando a los hombres a perpetuar los roles tradicionales de discriminación contra las mujeres. Se oponen a todo hombre alejado de la imagen tradicional de masculinidad hegemónica, la cual no

 

 

admitirá ninguna deformación de la misma. Su lucha se extiende contra los derechos de los homosexuales, los inmigrantes y cualquier otra manifestación que ellos consideren deformadas.

 

 

Otra perspectiva estimula los derechos de los hombres alentando la idea de que si el feminismo sirvió como plataforma reivindicadora para los derechos de las mujeres, los llamados Men’s Rights servirán para defender derechos usurpados a los hombres como: 1-poder demandar a las mujeres por su violencia invisible, 2- romper el monopolio feminista sobre las investigaciones de genero,3- lograr la custodia de hijos e hijas en plena igualdad legal con las mujeres y 4- tener derecho a una ley de paternidad plena.

 

 

 

 

 

Una tercera posición Profeminista aparece muy vinculada a los movimientos de mujeres de los setenta, asociado a los grupos que luchan por los derechos civiles. El profeminismo alcanza poca representatividad dentro del debate académico y dentro de los movimientos de los hombres.

 

 

La cuarta idea, la más antigua, de estos grupos es la mito poética que contó con bastantes influencias en los años ochenta, fundamentalmente en los Estados Unidos, lideradas por el poeta Robert Bly quien trato de reencontrar la energía masculina en tiempos de feminización de los hombres.

 

 

Masculinidades en Cuba. Un debate que comienza.

 

 

Los estudios de masculinidad en Cuba comienzan a tomar cuerpo en la segunda mitad de la década de los noventa, del siglo pasado. Pioneros en este ámbito fueron las investigaciones de Patricia Ares (Universidad de la Habana), Ramón Rivero (Universidad de Villa Clara “Marta Abreu”), Maria Teresa Díaz (CENESEX), y Mayda Álvarez, (Centro de Estudios de la FMC). Mientras que Ares y Rivero enfocaron sus estudios al tema de la paternidad, Díaz y Álvarez orientaron los suyos a la sexualidad y la construcción social de la masculinidad. (17)

 

 

Más tarde, con la llegada del nuevo milenio comienzan a aparecer talleres que intentan promover el debate sobre un tema inédito aún a escala social. Ejemplo de dichos trabajos son los talleres: “Masculinidades y violencia en los jóvenes” (2002), del Proyecto “Maria Luisa Dolz” de la Escuela de Capacitación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) “Fe del Valle”, y “Masculinidades y Cultura de Paz” (2000-2004) de la Comisión Género y Paz del Movimiento Cubano por la Paz. (18)

 

 

Estas instituciones han convocado sistemáticamente talleres con trabajadores sociales, estudiantes universitarios, policías, reclusos, dirigentes locales, entre otros, con la idea común de debatir sus principales problemáticas, y proponer alternativas de cambio. La primera de las ideas es relacionarlos como amigos, cuestión muy complicada por el sesgo machista que aún tenemos los varones en nuestro comportamiento. En muchos casos, las relaciones de amistad entre hombres son muy competitivas.

 

 

En estos grupos aprendemos a intimar, descubrirnos y contarnos cosas de nuestras vidas que en otras circunstancias no lo haríamos. Es muy raro que un hombre, ante cualquier problema de trabajo, de estrés, o depresión vaya a llorar al hombro de un amigo a confesar sus frustraciones. Regularmente como se nos construye socialmente para rivalizar, el hombre debe cuidarse de no tener puntos endebles. Ni siguiera a los amigos, se puede mostrar algún grado de vulnerabilidad.

 

 

Los hombres se socializan más fácilmente en temas como deportes y logros económicos. El deporte, particularmente, juega un papel fundamental en la socialización de la masculinidad entre los jóvenes. Se intuye que un joven con dotes para el deporte estará más preparado para enfrentar las durezas de la vida. Este ideal, heredero del olimpismo griego, propicia la necesidad de ser excelente en algún deporte, con la esperanza de granjearse el reconocimiento de los demás.

 

 

Aunque el desarrollo sostenido del deporte en Cuba, alcanza las más diversas disciplinas, el béisbol como deporte nacional, es el que más pasiones despierta en los debates. Las peñas beisboleras, presentes en casi todos los municipios de la Isla, son espacios donde se socializan muchas opiniones.

 

 

Sobre el tema del estatus económico urge indagar en cómo los patrones culturales obligan a los hombres a responder al arquetipo de buen proveedor del hogar. Para ello se pone a prueba la capacidad de obtener bienes materiales. El éxito se corresponderá entonces con la realización económica, muchas veces marcada por la angustia de obtener dinero. En una sociedad con adversas coyunturas económicas se hace muy visible la competencia por obtener los empleos más remunerados.

 

 

El arte es otra de las actividades donde es común ver a los jóvenes incursionar en la búsqueda de prestigio social. Si bien es cierto, que manifestaciones como el ballet clásico tienen menos aceptación por aquella suspicacia de una posible conversión a la homosexualidad, otras actividades como la música despiertan en los varones desde temprana edad la curiosidad y el interés por prepararse y alcanzar un lugar de privilegio.

 

 

Los medios de comunicación en Cuba siguen jugando un papel protagónico en la transmisión de valores relacionados con las masculinidades hegemónicas. Cuando uno lee una noticia, oye la radio o ve un programa televisivo advierten preceptos machistas. Es evidente que la cultura profesional de los comunicadores enraíza prácticas e imaginamos que tienden a perpetuar los modelos de masculinidad vigentes. El fenómeno no es una singularidad mediática cubana. De las más variadas maneras los grandes y pequeños emporios de la comunicación mundial masifican la idea de que la igualdad entre hombres y mujeres puede llegar con tácticas simplistas, como crear revistas destinadas a los hombres; donde la imagen y el cuerpo son lo más importante. (19)

 

 

El resultado de las encuestas que hemos realizado entre los participantes en los talleres aún no nos permite establecer conclusiones definitivas. No

 

 

obstante, si podemos establecer algunos parámetros de comportamiento en diferentes segmentos de la sociedad.

 

 

Los más jóvenes, por ejemplo, establecen sus propias angustias masculinas con la mira en el “cómo será” el futuro. Temen al alcoholismo, la violencia física y la drogadicción. Rechazan la desvinculación laboral, pero sus expectativas se orientan a opciones, donde puedan tener acceso a los dólares. Por ello, muchos aspiran a incorporarse a sectores que como la industria turística, garantizan un estatus económico muy favorable en las actuales condiciones de Cuba.

 

 

Las masculinidades de los cubanos se enfocan según la función social del individuo y de lo que esta le exige como comportamiento socialmente aceptado. Por ejemplo: un hombre será muy bien visto si cumple su rol de buen padre proveedor, cuadro político abnegado, joven o adulto exitoso en los estudios, mujeriego, músico, deportista o artista.

 

 

Sigue siendo representada la masculinidad hegemónica en Cuba por los hombres blancos, citadinos y heterosexuales. Parece contradictorio que una Revolución, que rompió con los más disímiles estereotipos, no haya podido desconstruir tal modelo. Sucede que estos procesos interactúan en las complicadas matrices de las identidades masculinas, poco dadas a los cambios por decretos. Aunque en estos años se hayan estipulado leyes, disposiciones e instrumentos legales contra la discriminación, las exclusiones sociales, raciales y de género se vertebran en mecanismos no muy fáciles de desmontar. Incluso, a pesar de que hoy la sociedad cubana es mucho más multirracial y diversa en su sexualidad, que en épocas anteriores, el mito del príncipe azul aún perdura en muchas mentes. Las madres añoran para sus hijas un “hombre de éxito”, a la usanza del diseño de la masculinidad hegemónica. Tal prototipo debe cumplir con las expectativas económicas, físicas y emocionales que se han relacionado anteriormente.

 

 

Curiosamente, comienza a percibirse cierta aceptación a modelos antes severamente censurados por la sociedad como es el caso del llamado “pinguero” (trabajador sexual) quien en ciertos sectores sociales y familiares es bien recibido. Por otra parte las masculinidades marginadas por los jóvenes estarán influenciadas por criterios homofóbicos donde homosexuales, y travestís son los más rechazados. De manera general los hombres temen a los arquetipos masculinos desfavorables sobre todo si están relacionados con la diversidad sexual y el feminismo. Aunque estos temas comienzan a tener alguna presencia estable en los eventos organizados por las diferentes instituciones académicas que abordan los Estudios de Géneros en el país, todavía son pocos los espacios de debate. (20)

 

 

Un miembro ilustre

 

 

Uno de los temas mas controversiales que se debaten en la discusión sobre las masculinidades es la relación del hombre y su sexualidad. Nosotros tenemos toda una mítica relacionada con la sexualidad y el supuesto extraordinario

 

 

comportamiento de los hombres cubanos, fomentado con imaginarios que le dan atributos de excepcionalidad a sus penes.

 

 

La relación entre el hombre y su pene es algo que va más allá de cuestiones sexuales o biológicas. La cultura de la masculinidad latina le rinde un desmedido culto al órgano sexual masculino, el cual es nombrado de disímiles formas, pero en casi todos los casos tiene que ver con objetos potentes y seguros. (21)

 

 

Es esta expectativa la que deben asumir los niños desde que advierten su “miembro”, otro de los nombres más usados, lo que tampoco deja duda de la jerarquía del mismo, y del afán que despierta desde que se hace visible.

 

 

En una investigación titulada “Sexo Tropical: El Tamaño del pene en la imaginería de estudiantes universitarios de la Habana”, de la periodista cubana Aloyma Ravelo, se expresa: “El hombre cubano es desde niño, socializado para demostrar su hombría y poder sexual, a partir de sus dimensiones penianas.”(22)

 

 

Poseer un pene grande le abre al futuro hombre los caminos de la sexualidad pues, por supuesto, mientras mayor sea su diámetro más resaltará su virilidad. En tres encuestas realizada en talleres de Masculinidades, efectuados en la Ciudad de la Habana, se pudieron corroborar muchos de estos criterios.

 

 

Las encuestas fueron aplicadas a 173 hombres y 57 mujeres de nivel medio y universitario con diferentes profesiones, y una conformación racial de 119 personas blancas, 88 negras, y 23 mulatas y asiáticas. Las edades oscilaron entre los 22 y 45 años. Sobre el mito de las dimensiones del pene las encuestas situaron en primer lugar a la raza negra como la portadora de los más grandes, con un resultado del 71 por ciento, y argumentando que señalaban esta raza por su fortaleza genética, y por el origen africano

 

 

 

 

 

El cuestionario también develó que el 65 por ciento de las mujeres encuestadas preferían los hombres con penes grandes, opinión contraria a las que escuchamos en muchas conversaciones anteriores a la encuesta, con mujeres de forma individual quienes decían no importarles la cuestión del diámetro y que los valores espirituales eran más importantes. Tal contradicción indica la complejidad de los imaginarios culturales contemporáneos, así cómo la necesidad de abordarlos desde un punto de vista holístico.

 

 

Esta contradicción en occidente tiene lecturas desde la literatura libertina del siglo XVIII propuesta por El Marqués de Sade en Francia. En la obra de Sade La filosofía en el tocador desde la frase introductoria se advierte “la madre prescribirá a su hija la lectura de este libro” y mas adelante dirige un discurso a hombres y mujeres donde plantea ,¨A vosotros, voluptuosos de todas las edades y de todos los sexos , sólo a vosotros ofrezco este libro :nutríos de sus principios , que favorecen vuestras pasiones ; pasiones con las que fríos y ramplones moralistas os espantas y que sólo los medios que utiliza la naturaleza para lograr que el hombre llegue a comprenderse como ella misma lo comprende ; escucha únicamente a

 

 

esas deliciosas pasiones ; su órgano es el único que ha de conduciros a la felicidad”(23)

 

 

El criterio falocéntrico en esta obra de Sade representa un diseño masculino, partiendo de la diferencia biológica que coloca al pene como centro del mundo. El investigador Víctor Seidler ha cuestionado la Ilustración por su propuesta de identificar la masculinidad con la razón y la organización de la sociedad en torno a los intereses de los hombres. (24)

 

 

La falta de relación de los penes con la estética actual de la cultura, no permite la integración del cuerpo masculino a las artes sin dejar a un lado la morbosidad o la iconografía sadomasoquista propuesta por el artista norteamericano Robert Mapplethorpe (25)

 

 

Estando en Barcelona, en junio del 2003, fui a ver la puesta en escena de Las marionetas del pene, versión española de la obra Puppetry of the penis de los australianos Simón Morley y David Friend, montaje que versa sobre las habilidades del pene que los actores convierten en verdaderas marionetas y le dan forma de torre Eiffel, el monstruo del lago Ness, un pelicano, una hamburguesa. Una vez más constataba la utilización del pene como objeto icono de poder. La única actriz femenina en el escenario, Roser Pujol, opinaba al diario El País “que Las marionetas del pene son muy recomendables para que las marujas aprendan a ver el sexo de una forma mucho más natural, tiene un punto terapéutico” (26) La opinión de la actriz deja de nuevo a las mujeres reflexionando sobre cómo complacer a los penes; sin embargo los hombres quedan en el desconocimiento sobre su cuerpo, su sexo, y su relación para el disfrute sexual con su pareja

 

 

No obstante muchos hombres que no están de acuerdo con este tipo de espectáculo se atreven a reaccionar como lo hizo Vicente Verdú en su comentario “El pene y su sombra”, publicado en el diario El País, donde afirma que “Para las feministas que todavía se empeñan en la homologación integral he aquí la diferencia. Si en el teatro se montara un espectáculo con el cuerpo femenino de la misma inspiración que Las marionetas del pene hasta Miriam Tey se revolvería en las cenizas” (27) Verdú en su critica arremete contra las feministas, quienes pagan la culpa de la poca creatividad de los hombres con su cuerpo y mas especialmente con el pene.

 

 

En Cuba no con la misma intención de rendir culto sobre los penes, pero si exhibida con una inusual presencia de público juvenil, la obra “La Celestina” del grupo de teatro El Público, trajo a escena el desnudo masculino. Conversando con varias personas que usualmente no van a ver este tipo de obra confesaron “Que habían ido a ver la puesta por que algunos actores de la Televisión salían desnudos” (28)

 

 

Tales tendencias de la industria cultural, lejos de ayudar a desmitificar dichos imaginarios, los exacerban. Así lo confirma el especialista Demian Ruiz, en su comentario titulado “Las rarezas del pene” publicado en la Revista Men`s Health, de abril del 2001, señala. “Probablemente miras a tu pene del

 

 

mismo modo que una vieja solterona contempla a su gato: crees que sus particulares atributos lo convierten en únicos y extraordinarios”. (29)

 

 

Este tipo de apreciaciones abundan en revistas destinadas especialmente a los hombres, las cuales se venden como un nuevo diseño para que aprendamos a cuidarnos y querernos. En este sentido, llama poderosamente la atención que valoraciones de este tipo lleguen a todas las manifestaciones culturales, arrastrando los mismos sesgos machistas en cualquier latitud del planeta.

 

 

Otra de las manifestaciones de la masculinidad hegemónica es la masturbación en lugares públicos. Ella constituye una de las formas que los hombres eligen para dar riendas sueltas a sueños eróticos y morbosos, o a las frustraciones de una sexualidad no posible, violando casi siempre el espacio de las mujeres que no tienen derecho a permanecer en los mismos ante la agresión masculina. La Habana, como muchas ciudades del mundo, tiene lugares nocturnos donde las mujeres no pensarían frecuentar ante el temor a este tipo de agresiones. Hablando con un grupo de estudiantes universitarios el por qué no sucedía al revés y veíamos en las playas, cines y oscuras avenidas a mujeres enseñando sus órganos sexuales y masturbándose para que los hombres las vieran, se rieron y me dijeron que eso era una locura que jamás sucedería. Se que decir esto presupone una pura ironía.

 

 

La masturbación masculina en Cuba es parte de un rito de iniciación en los hombres, y cuando este momento llega, pueden oírse expresiones jocosas cuando les tocan a las puertas de baños y habitaciones, tales como “Suéltala” o “te voy a poner un cascabel en la mano” (30) En ningún caso es signo de no aceptación y demuestra que algo importante, que reafirmará su masculinidad, esta sucediendo. Este mismo entusiasmo no sucede con las mujeres, las cuales no hablan regularmente de sus masturbaciones. Entonces estamos hablando de aceptaciones diferentes sobre iguales actos de iniciación sexual y de placer, los cuales van a ser desvirtuados por el aprendizaje de la sexualidad, y que no es debatido abiertamente en la familia, salvo en el caso de los adolescentes hombres.

 

 

Estos fenómenos indican la necesidad del dialogo y sus reflexiones, sin dudas a la guerra, la economía y otros asuntos están dedicados los grandes debates mediáticos e individuales de los hombres. Pero por qué algo tan usual como es la sexualidad, nos cuesta tanto abrirla a una polémica social. La moralidad y los preceptos que esta implica no nos permiten ser sinceros con nosotros y nuestros placeres

 

 

Homosexualidad en Cuba: Tan raros como los demás

 

 

Entre las masculinidades que han sido objeto de todo tipo de discriminación, ocupa el primer plano la de los homosexuales. Desde el siglo XVIII, los primeros periódicos de la isla ya estigmatizaban a esta opción sexual. El término de homosexual desde el siglo XIX ha condenado de forma injusta a quienes prefieren variantes sexuales ajenas a la heterosexualidad, opción que

 

 

si goza de una total aceptación y muchos al asumirla se vanaglorian de su condición de macho hegemónico. Las personas homosexuales serán juzgadas como flojas, débiles, femeninas, amaneradas. Tales atributos denotarán poca confiabilidad para ejercer determinadas profesiones, sobre todo las relacionadas con decisiones de poder. Este comportamiento está generalizado en todas las sociedades latinas, con una fuerte raíz homofóbica.

 

 

Un tema tan polémico para el contexto cubano como el de la homosexualidad abre una caja de Pandora que siempre ha estado tapada muy celosamente en la Historia de Cuba, como si no existiera el asunto. Textos como La maldición (1998), escrito por el investigador Víctor Fowler, nos acercaron al asunto desde una perspectiva histórico-literaria. El autor refiere una serie de textos considerados por él fundacionales por corresponder a un período de constitución de nuestra cultura. Entre estos se encuentran los atribuidos al presbítero José Agustín Caballero para el Papel Periódico de la Havana; uno de ellos: “Carta critica del hombre- mujer”, del 10 de abril de 1791, donde se identifica la problemática de la masculinidad con el de la homosexualidad masculina, el texto dice:

 

 

“¿Quien podrá contener la risa cuando ve á un hombre barbado gastar la mayor parte de una mañana en peinarse, ataviarse y en ver copiada su hermosura en un espejo, cuál lo practica la Dama mas presumida? (...) A la verdad, yo no sé como hay Mujer que admita á su trato a semejantes avechuchos. Ellos representan el papel de Gallos entre las Mujeres, y de Gallinas entre los Hombres, al paso que de estos merecen la compasión, cuando de aquellas el desprecio” (31)

 

 

El filósofo cubano Caballero diseña una masculinidad en la que vincula la feminización de los hombres con problemas contra la patria:

 

 

“Pregunto ahora ¿Si se ofreciera defender a la Patria, que tendríamos que esperar en semejantes Ciudadanos o Narcisillos? ¿Podrá decirse que estos tienen alientos para tolerar las intemperies de la Guerra? ¿Como han de ser varones fuertes y esforzados, decía Séneca, los que así ostenta su ánimo mujeril y apocado ?Desengañémonos, el que se cría con música, bailes, regalos y deleites, forzosamente degenera en femeniles costumbres” (32)

 

 

Si tenemos en cuenta que estas palabras le son asignadas a uno de nuestros primeros pensadores , constatamos como se está construyendo la masculinidad de una nación en base a exclusiones de aquellos que no cumplan estos requisitos .En la décima con la cual cierra su texto nos advierte el peligro que implica asumir rasgos de feminidad para los hombres :

 

 

Infeliz Afeminado

 

 

Que merece este nombre

 

 

. por que de carácter de Hombre

 

 

tu mismo te has degradado

 

 

Sigue tu camino errado,

 

 

Y juzga como delicia

 

 

La más notoria estulticia

 

 

Pero no te has de montar,

 

 

Si te dicen al pasar

 

 

Augur mi Doña Dionisia (33)

 

 

Si la feminidad en los hombres implica rechazo, la masculinidad para las mujeres no deja de tener consecuencias lesbofobicas En opinión de la filóloga italiana Analisa Mirizio el vestido masculino es parte del rol sexual y a la par de otros factores, es el producto de un aprendizaje social (34); que un hombre se vista de hombre es lo normal, más que una mujer lo haga es un ataque a la virilidad masculina y a la moral establecida. Resulta probable que esta opinión prevaleciente determinara que el 17 de febrero de 1822 se abriera un expediente judicial con el título de “Criminales contra Enriqueta Fabez por haber andado disfrazada en traje de hombre” que se encuentra ubicado en la actualidad en un fondo del Archivo Nacional de Cuba (ANC). Más allá del caso en sí, que fue de los más escandalosos procesos judiciales sucedidos en Cuba en la primera mitad del siglo XIX, cabe preguntarse ¿qué violaba Enriqueta para ser juzgada? Primero que todo, el espacio público del poder masculino.

 

 

Enriqueta Fabez fue una médica suiza que instalada en la villa de Baracoa para ejercer la medicina; se atreve a establecer una relación lésbica con una mujer de la zona llamada Juana de León. La lectura del expediente criminal nos habla de varias contradicciones en aquel vínculo inusual, pero lo que nos interesa es el análisis sobre la masculinidad y, sobre todo, cómo en las declaraciones todo el tiempo se juzgaban las características biológicas que definían su no masculinidad. La supuesta esposa engañada declaró que “empezó a espiar sus movimientos hasta que una vez dormida se descuido, pude descubrirle los pechos de una mujer, no como quiera abultados, si no por su configuración dan a conocer que ha alimentado algunas hijos” (35)

 

 

El hecho que una mujer en esta época fuese médica constituía de por sí un delito. Pero además que se atreviera a violar los designios de la iglesia y mantener una relación condenada como antinatural, hicieron del juicio de Enriqueta, representación fiel de un tribunal de la Santa Inquisición al llamarla monstruo, criatura infeliz, y descargar sobre ella todo tipo de improperios. En realidad más que juzgar la situación de víctima- victimario afloraba todo el andamiaje seguido para demostrar la falsa masculinidad de Enriqueta Fabez por lo que Juana pide lo siguiente:

 

 

que se prestase juramento sobre le sexo e impotencia física del que se nombra Enrique Fabez disponiendo con su merito que se conduzca esa criatura a esta ciudad y a presencia del tribunal sea reconocida por dos facultativos que al efecto lo haga desapropiarse de los vestidos y que cuando se le desvista para deducir lo demás se convenga previa la seguridad con que debe mantenerse en la cárcel publica , hasta que otra cosa se determine conforme a justicia que pido en costos jurando no proceder con malicia y cuando fuera necesario.(36)

 

 

El caso no es el único dentro del mundo colonial español. Otros países como Colombia también celebraron juicios por esta causa como es el seguido, en 1745, en Popayán, contra dos mujeres acusadas de sodomía femenina. En la Habana, noventa y tres años después del caso de Enriqueta Fabez, la escritora puertorriqueña Luisa Capetillo fue arrestada por usar “ropas que son solo para hombres” (37)

 

 

En opinión del profesor Rodrigo Andrés los historiadores posestructuralistas han apreciado el hecho de que en diferentes momentos históricos se obtiene diferentes tipos de valoraciones sobre los homosexuales y las lesbianas. Para estas opiniones han sido muy importantes las diferentes prácticas discursivas que no solo las nombran, sino que de hecho las crean. La medicina y su función “higienizadora” de la sociedad fue la causante de muchos de las polémicas hacia la diversidad sexual (38)

 

 

Por ejemplo, en 1875, en Alemania, un médico de apellido Marx, fue uno de los primeros científicos en pedir que se suprimiera del Código Criminal la orientación sexual. Para ello creaba un nuevo termino denominado Urnings el cual refiere como persona de una naturaleza muy particular de género hombre – mujer. De este modo intentaba una justificación médica al fenómeno. Para este científico el tercer género busca “desde la infancia (...)la sociedad y los juegos de las niñas; adultos, se distinguen por su timbre de voz femenina y una gran timidez de carácter Cualquier cosa los abochorna, los asusta y les hace subir la sangre al rostro ; les repugnan todos los ejercicios violentos ; por el contrario, tienen gusto pronunciado por los trabajos de aguja , marcada preferencia por las costumbres de señoritas , las sortijas , las cadenas , las flores y los perfumes . Además manifiestan persistente repugnancia hacia las mujeres, no queriendo tener jamás con ellas contacto sexual” (39)

 

 

La obra fue objeto de la más severa crítica en Cuba por parte del Dr. Luis Montané, el cual la calificó como depravación moral. Durante el Primer Congreso Regional Medico de Cuba en enero de 1890, se mostró particularmente severo acerca de esta investigación:

 

 

¿Es esa obra, la de un loco? ¿No es esta, ciertamente, la opinión de Mr Marx, que se considera un sabio, un filósofo humanitario? Pero poco importa después de todo, que sea sabio ó loco; lo que es necesario conservar de su folleto, es que ha sido libremente vendido en Alemania y que en dicho país existe el vergonzoso vicio que nos ocupa (40)

 

 

Más adelante en su intervención el Dr. Montané ofreció detalles sobre una investigación de la homosexualidad en Cuba a partir del estudio de 21 casos –4 europeos y 17 cubanos. Los dividió en activos y pasivos según su conducta en la actividad sexual con el fin de resaltar la feminidad de los mismos. Llegó afirmar que “la prostitución masculina tiene la misma organización que la prostitución femenina (...) destacándose los nombres por los que se conocen La princesa de Asturias, la pasionaria, la Verónica, La Isleñita, Reglana, la camagüeyana, Manuelita, Albertina etc.” (41)

 

 

Las descripciones médicas de algunos casos corroboran esta opinión:

 

 

“La camagüeyana tiene las nalgas completamente reunidas de modo a formar una masa global (...) , en el caso de Manuelita hemos podido observar el prolápsus de la mucosa , formando dos pequeños labios regulares, reunidos en su parte inferior y recordando clásicamente la vulva de una perra (...) La camagüeyana presentaba el ano cubierto con un paño de tela ordinaria ,probablemente para socorrer la incontinencia de materia fecal –en su afán por lo femenino algunos emplean este sistema con el objeto de simular un periodo menstrual –En la tentativa que hicimos de suspender una punta del paño el individuó dejo de escapar un grito penetrante , desplomándose y pudimos asistir a un ataque clónico de hísterio epilepsia ¡Nada más frecuente que los ataques de nervios en el mundo de los pederastas¡”(42)

 

 

Sabemos que una de las teorías médicas más discriminatoria para las mujeres del siglo XIX, fue la referente al útero histérico. En su planteamiento básico se argumentaba que ellas sufrían de histeria porque no tenían pene. El mismo comportamiento se le asignaba al homosexual hombre como una forma discriminatoria que lo aleja de la posibilidad de ser masculino y varón.

 

 

La homofóbia es una actitud vigente aún en la sociedad cubana y al igual que el machismo está arraigada a patrones culturales. El camino para socializar el debate sobre estos temas encontró terreno fértil con el estreno de una de las cintas más célebres del cine cubano. La exhibición de “Fresa y Chocolate “(1993) de los directores Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, visibilizó a un personaje homosexual hombre, como nacionalista y valiente. Se abrió con ello una polémica a nivel nacional, y el público cubano aceptó con beneplácito el filme.

 

 

A partir de entonces, otros productos comunicativos audiovisuales difundidos por la televisión cubana mostraron unas veces de manera tangencial y otras de forma más directa a personajes homosexuales. Lo mismo ocurrió en el teatro, las artes plásticas y otras manifestaciones artísticas. Incluso, aunque no ha sido exhibida la reedición del serial inglés “Queer and Folk”, de la cadena Show Time en los canales de la televisión cubana, muchos espectadores han disfrutado esas historias. Rentadores particulares de video han detectado el interés de sus clientes en la temática, y la serie ha contado con una gran demanda. Tan raros como los demás, traducción al español del nombre del serial es un llamado a pensar en los nuevos modelos de la masculinidad.

 

 

De alguna manera queda claro, al menos en las manifestaciones del arte de los años noventa, una mayor libertad a la hora de expresar la diversidad sexual. La nueva tendencia parece haber dejado atrás las contradicciones de los años 60 al 80, cuando una fuerte actitud homofóbica obligó a muchos homosexuales a marcharse del país.

 

Solo los cristales se rajan….

 

Las diferencias generacionales matizan los comportamientos de los cubanos de hoy. Quienes hicieron la Revolución de 1959, están dando paso a otras con nuevos modelos, que van dejando prejuicios del pasado y que superan las propias expectativas creadas alrededor de leyes tan renovadoras como la del Código de familia, de

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